Notas sobre Los Juegos del Leviatán

APÉNDICE 3

NOTAS SOBRE ACÚSTICA Y RUIDO

Por Fernando Martín Velazco

I. Esquema de impedancia acústica entre ballenas grises y humanos en las lagunas de Baja California
 

Nuestros registros muestran que algunas ballenas grises (Eschrichtius robustus) pueden haber escuchado poemas durante más de treinta minutos [1], y certifican la emisión continua de vocalizaciones de parte de los cetáceos durante esos eventos [2]. A partir de estos materiales es posible trabajar, más o menos objetivamente, sobre el fenómeno en términos físicos. Identificar, por ejemplo, que la voz humana emitida en la superficie del agua se comporta en este espacio específico —la Laguna Ojo de Liebre—  de una manera particular con respecto a los medios de dispersión disponibles: agua, aire y el casco de la embarcación. Concluir que, bajo ciertas condiciones ambientales, la voz es capaz de romper la impedancia acústica de la superficie y descender, con bastante claridad, al medio de dispersión submarino.

 

Generalmente en el mar, la impedancia acústica impide que los sonidos producidos fuera del agua se escuchen en el fondo marino y viceversa. La superficie actúa como una barrera para el sonido, lo que evita que cualquier ruido (por ejemplo, un poema) se extienda de un medio físico (el aire) al otro (el agua). Cuanto mayor es la altura de las olas, mayor será el coeficiente de reflexión y más difícil será la propagación de las ondas sonoras desde el aire hasta el agua [3]. En condiciones normales no podemos oír a las ballenas y tampoco ellas pueden escucharnos. Pero existen condiciones excepcionales.

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En la zona donde hemos realizado nuestra investigación, la densidad media del agua es de 3890 kilogramos por metro cúbico [4]. En mar abierto, el promedio es de 1036 kilogramos por metro cúbico [5]. Estos valores nos indican que la velocidad del sonido dentro de la laguna es considerablemente más alta que en cualquier otro lugar de la ruta migratoria de las ballenas grises [6]. Estimamos que, si una pequeña proporción de la potencia acústica de un poema cruza la frontera entre ambos medios de propagación, dado que las estimaciones de sensibilidad al sonido de las ballenas grises les conceden un rango de escucha bastante amplio [7], estas podrían fácilmente haber escuchado nuestras lecturas en varias ocasiones.

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Después de revisar las condiciones en las que ocurría este fenómeno, nos dimos cuenta de que coincidían con la falta de olas, los bajos niveles de viento y las bajas temperaturas, lo cual provocaría que las partículas del agua se junten. Además, estos eventos coincidieron con el amanecer, lo que habría ocasionado una inversión térmica en las capas superiores del agua y en la superficie, lo que ayudaría a que las emisiones sonoras se dispersaran fácilmente [8].

Ejemplos:

 

Expedición 2019

 

1. Condiciones habituales de impedancia acústica: https://youtu.be/_QE1uwRb3nU

 

2. Condiciones excepcionales de difracción sonora: https://youtu.be/o7ad1xp6NyY

 

Expedición 2021

 

3. Condiciones optimizadas de difracción sonora: https://youtu.be/i9Wmw31h8DA

Notas:

 

1. “Los trabajos del mar, de José Emilio Pacheco” (11:57), in https://youtu.be/gnOowjbOjIs?t=717 , accessed at 13 July 2021

2. “Marooned!” (00:35), in https://youtu.be/u2FjZF-sN3I?t=35 , accessed at 13 July 2021

3. Leonard N. Liebermann, “Reflection of Sound from the Sea Surface,” Acoustical Society of America, 19 (1947), p. 285

4. Jaime Alvarado, et. al., “Evaluación de los parámetros ambientales y su relación con la distribución y movimientos de la gallena gris”, Ciencias Pesqueras-IPN, 5 (1986) p. 33-49

5. Rich Pawlowicz, “Key Physical Variables in the Ocean: Temperature, Salinity, and Density”, Nature Education Knowledge, 4 (2013) p. 13

6. Marilyn Dahlheim, Bio-acoustics of the gray whale, PhD diss. (British Columbia: 1987) pp. 60-121

7. Marilyn Dahlheim, “Changes in the acoustic behavior of gray whales in response to noise”, Endang Species Res, Vol. 31 (2016) pp. 227--242],

8. Barry Truax, ed., “Diffraction”, Handbook for Acoustic Ecology (Cambridge: 1999) at: <https://www.sfu.ca/sonic-studio-webdav/handbook/Diffraction.html>, accessed at 13 July 2021

II. El ruido como refugio
 

Sin embargo, la descripción del fenómeno hasta aquí mencionado evade las muchas horas en que las ballenas se esconden, o simplemente nos ignoran. Y ante esto la pregunta típica: ¿por qué se acercan a nosotros? Y un largo inventario de descripciones que, junto con el consenso científico más informado, nos hacen coincidir en que no tenemos ni idea [1].

 

Un aproximación común al problema nos induciría a modelos de análisis típicos en estudios de etología: establecer una tabla de frecuencias basada a partir de los estímulos realizados y las interacciones obtenidas, tratando de hallar correlaciones plausibles con los comportamientos observados; buscar el diseño de un modelo hidroacústico que nos garantice generar emisiones dentro del rango auditivo de las ballenas y captar sus respuestas; generar un catálogo de vocalizaciones susceptibles de ser plausiblemente asociadas con comportamientos específicos. Siguiendo esta línea, poca novedad ofrecerían nuestros registros a los estudios clásicos sobre el tema [2][3].  Pronto concluiríamos que, en términos generales, la poesía —como la gran mayoría de los estímulos acústicos— no cambia significativamente el comportamiento de las ballenas.

 

En su estudio clásico sobre el tema, Marilyn Dahlheim [4] describe la capacidad del cetáceo en cuestión para adaptarse, con asombrosa flexibilidad, a las condiciones del entorno persistiendo en su comportamiento. Ante posibles interferencias en su canal acústico habitual, las ballenas grises modulan sus vocalizaciones y prevalecen en sus actos. Solo un estímulo probadamente cambia su comportamiento: el sonido de sus depredadores, las orcas (Orcinus orca).

 

Las ballenas grises emiten una serie de vocalizaciones modestas, similares al sonido de la conga o la ruptura de una ola [5]. Esto les permite, a pesar de su considerable tamaño, pasar desapercibidas cuando que se encuentran en aguas poco profundas. En un mundo dominado por el sonido, el gigante se esconde con un murmullo cercano al silencio.

 

Contraintuitivamente, Dahlheim descubrió que dentro de los santuarios invernales de ballenas grises había una condición insospechada: "the resultant conclusion is that ambient noise levels are extremely high in the lagoon habitat. The biological component of noise dominates the spectra.".  [6]

 

Dahlheim atribuye este volumen a numerosos organismos, de los cuales enumera más de una centena, lo que revela la formidable biodiversidad del sitio [7]. Describe a su vez el efecto acústico de la topografía del subsuelo, la alta densidad del agua en la laguna, las dunas que la protegen, así como el marcado efecto de las mareas; lo que le dota de una condición dinámica. Contrariamente a lo que podríamos intuir inicialmente, las ballenas grises eligen como refugio invernal un sitio ruidoso lleno de todo tipo de especies 'otras'; incluyéndonos. En este contexto es que aumenta considerablemente la frecuencia de sus vocalizaciones. Es en este contexto a su vez, el único en el que las interacciones "cercanas" con los humanos ocurren habitualmente.

 

Este aspecto fue el que se corroboró con mayor claridad durante nuestra práctica en campo. En la conciencia de la condición liminal en la que conviven el sonido de un poema y las vocalizaciones de las ballenas grises, en la indescifrabilidad de sus gestos y los nuestros, siempre hubo una certeza ineludible: abundaba el ruido. 

 

Ahora pienso, revisitando a Dahlheim, en nuestros gestos pretendidamente poéticos como agentes biológicos y acústicos dentro de la atmósfera particular de la laguna en el invierno. Sobre la condición que, para las ballenas en tal sentido, tendríamos.

 

Somos una más de las variantes del ruido. Con ello acaso también, una forma de refugio.

Notas:

 

1. Steven L. Swartz, “Why do Gray Whales appear ‘Curious’ about Whale-Watchers?”, Laguna San Ignacio Ecosystem Science Program, September 2016 https://www.sanignaciograywhales.org/wp-content/uploads/2016/10/Why-Friendly-FINAL-2-OCT-2016.pdf/ , accessed 13 July 2021

2. Marilyn E. Dahlheim, “Bio-acoustics of the gray whale.” PhD diss., (British Columbia: 1987)

3. Melania Guerra, “Studies of ambient noise in shallow water environments off Mexico and Alaska: characteristics, metrics and time-synchronization applications”, PhD diss., (San Diego: 2013)

4. See Dahlheim [2] pp. 239-252

5. “The sounds of gray whales in Laguna San Ignacio", Laguna San Ignacio Ecosystem Science Program, in https://www.sanignaciograywhales.org/es/project/acoustics/ , accessed 13 July 2021

6. See Dahlheim [2] p. 60

7. See Dahlheim [2] p. 68-71

III. Modelos de ruido y comunicación
 

Quisiera ahondar en el tema del ruido más allá de la metáfora que supone. Para ello haré una larga cita, que es también una interpretación y una revisión autocrítica.

 

He aquí, a grandes rasgos, el modelo de la teoría matemática de la comunicación propuesto por Claude Shannon en 1949:

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En su lectura ecocrítica sobre los modelos de comunicación, Sean Cubitt [1] identifica la posible extrapolación de este esquema en la consolidación de la estructura ideológica que media nuestra relación con la naturaleza:

 

“What was significant was ‘reproducing at one point either exactly or approximately a message selected at another point’. The enemy of this more-or-less accurate, statistically measurable model of communication was Noise.”

 

Inicialmente, nuestro modelo de análisis se basó en una propuesta similar: considerar a cada cetáceo una caja negra que recibía estímulos-poemas y respondía con gestos y vocalizaciones.  Es decir, lograr una  comunicación "efectiva" que nos permitiera, mediante la obtención de un "feedback", descifrar una "intencionalidad" en la respuesta [2]. El modelo en tales términos ignoraba lo que en cualquier práctica de navegación rige: la preponderancia del ambiente —las olas, el viento, las corrientes, entre largos etcétera—, es decir, el predominio del Ruido.

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Persistir en el camino de buscar la eficiencia comunicativa en este caso significaría, en un diseño excesivo, mantener una ballena en cautiverio, o adaptar los asientos de un teatro para leerle poemas. No muy lejos de lo que se hizo en los noventa con una cría de ballena gris, "JJ", en el Sea World de San Diego.  [3,4]

 

Continúa Cubitt:

 

Shannon’s devotion to message meant excluding both meaning and environment, suggesting that there might be some connection between the two. There is every reason to believe that meaning is intrinsically social (after all, no one invents their own language from scratch), and from there it is a short step to arguing that language and all the other media we use to communicate are also intrinsically ecological, drawing their materials and their semantics from the mutual inter-relations that constitute the world.” [5]

 

Esta "devoción al mensaje" nos interpela. Nos hace ver en lógica que eficienta el registro material de nuestra práctica, en nuestra autoexigencia para obtener mejores grabaciones que a su vez son propensas a reproducirse fuera del espacio en el que ocurren, una aspiración sustantiva que finalmente nos deja colocados, al menos conceptualmente, en el mismo tanque que la ballena JJ.  "Borrar el ruido" se traduce en borrar el entorno, en llevar esa interacción al museo, al foro de espectáculos, al tanque de Sea World, al podcast de Spotify, a la plataforma de medios digitales, al laboratorio o al libro. Transducir un ecosistema que nos incluye, en arte [6].

 

El ruido también está ausente a su vez en las funciones del lenguaje de Jakobson, [7] que presuponen el acto del habla desde convenciones tácitas: mensajes con un contenido delimitado, con presupuestos contextuales comunes entre emisor y receptor, sujetos de interlocuciones emocionales mutuamente entendibles, conscientes de la subjetividad de una escucha. Atribuyen a cualquier expresión un código, o al menos una forma distinguible y clasificable, capaz de una  sintaxis a la larga desentrañable, o en última instancia, una apreciación estética inherente. Y, sobre todo: conceden el presupuesto de un canal de comunicación mutuo, que se puede verificar en su amenaza constante frente al Ruido.

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Por supuesto, los modelos aquí descritos se han propuesto en su origen para la comunicación entre humanos y no para la interacción de estos con otras especies. Su análisis empero nos revela el condicionamiento cognitivo que los mismos nos imponen al momento de tratarnos de aproximarnos a otras naturalezas, y la exigencia subyacente de que dichas "otredades" participen de nuestros intercambios materiales y simbólicos.

 

Vuelvo a la noción "de devoción al mensaje" para ilustrar la presencia de dicha exigencia, tanto en el discurso científico como en las artes contemporáneas. En el caso de los estudios etológicos sobre cetáceos: en la búsqueda continua de generar clasificaciones de sus vocalizaciones, a veces mediante la correlación con sus comportamientos o bien, mediante la distinción de constantes matemáticas aprehensibles en las mismas. En el arte: en los registros estético-musicales del canto de las ballenas jorobadas inaugurados en los años setenta [8], o más recientemente, en las co-creaciones musicales que David Rothenberg realizó con diferentes especies de cetáceos [9].

 

Detrás de los modelos antes mencionados está la suposición de que una transmisión confiable —debidamente procesada o modificada— es propensa a ser descifrada en su código, traducida o, en última instancia, apreciada estéticamente. Para ello sería imprescindible no solo borrar en la medida de lo posible el estrépito del entorno sino también, de nuestros propios prejuicios y suposiciones.

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En tal caso el modelo que aspira a reducir el Ruido prevalece, pero podemos imaginar que no sea el único posible. Aspiro a establecer aquí dicha interrogante.

 

Si fuéramos capaces de proponer formas de interacción con entidades no-humanas que contemplaran la existencia del ruido y los cambios en el ambiente en su modelo: ¿cambiaría esto los actos de enunciación y ultimadamente, sus significados?

Notas:

 

1. Sean Cubitt, “Ecocritical Media Arts and the War on Terra”, Media-N | The Journal of the New Media Caucus, Fall 2021: Volume 17, Issue 2, Pages 27-38, in https://doi.org/10.21900/j.median.v17i2.761, accessed 11 July 2022

2. Arturo Rosenblueth, et. al., “Behavior, Purpose and Teleology,” Philosophy of Science, Vol. 10, No. 1 (1943) pp. 18-24

3. Tony Perry, “Rescued Whale J.J. begins a long journey home”, Los Angeles Times, April 1998, in https://web.archive.org/web/20160307161205/http://articles.latimes.com/1998/apr/01/news/mn-34942, accessed 13 July 2021

4. “JJ the Orphan - Gray Whale", SeaWorld, in https://youtu.be/xlGrgAijmbQ, accessed 13 July 2021

5. See Cubitt [1]

6. Arturo Barrios-Mendoza, “Un sentido expandido de la transducción en el arte contemporáneo”, Enfoques y aproximaciones a la interdisciplina en las artes, Raúl W. Capistrán, coord. (Aguascalientes: UAA, 2019) pp. 17-30

7.  Roman Jakobson, “Lingüística y poética”, Ensayos de lingüística general (Barcelona: Seix Barral, 1981) pp. 347-395

8. Roger Payne, Songs of the Humpback Whale, (CRM & Capital Records: 1970)

9. David Rothenberg, “Whale Music: Anatomy of an Interspecies Duet”, Leonardo Music Journal, Vol. 18 (2008) pp. 47—53

IV. Mediaciones con Ruido
 

Imagino la hipótesis de una mediación que no renuncie al “ruido-ambiente” y su transformación dinámica. En un primer momento, esto implicaría la negación del acto comunicativo, es decir, la afirmación de su opuesto, el silencio, no como una negación enunciativa —que en términos absolutos significaría, la muerte— sino como una voluntad de "simbolizar" en términos ecológicos.

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Regresando a lo que es, finalmente, nuestro cuerpo de trabajo —poemas y performances dedicadas a ballenas grises— nos es imprescindible presentar la insinuación de entender la poesía (no únicamente pero sí también) como una forma de silencio. Podemos recuperar aquí la imagen arquetípica de la poesía pastoril: la idea de un verso producido no para ser impreso, sino enunciado como el canto de un ruiseñor [1]. Si tal imagen entra en examen con nuestra práctica, nos permitiría entender al poeta como un agente ecosistémico. Al situarnos en su contraparte dentro de este modelo de mediaciones —en este caso, la ballena— encontraremos en la materialidad del poema y su ininteligibilidad por parte del oyente cetáceo, la transformación de una metáfora en Ruido y su fusión con el entorno al que apela.

 

Atiende, la ballena, a una forma incierta de silencio sólo perturbada por la certeza de una presencia. Una de muchos. Estacionalmente, en el refugio, ambos alteridades pueden fundirse, jugando, en la afirmación de sus propias naturalezas.

 

Entonces el poema podría ser el inicio de una vocación por el Ruido.  El inicio del hallazgo de que el ruido tiene una historia.

Nota:

 

1. Gregory Nagy, Poetry as Performance. Homer and beyond (Massachusetts: 1966) pp. 20--21

V. Una historia del Ruido
 

En el corazón de la albúfera, hay un islote cuya superficialidad palpita al ritmo de las mareas. El sitio alberga una multitud de restos perfectamente distinguibles de ballenas grises que, una vez varadas, comienzan su paciente descomposición. Estos restos se convierten en alimento y estructuras habitables para cientos de especies marinas durante varias décadas [1]

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(Arriba) Cambio de mareas en la Laguna Ojo de Liebre. (Abajo) Serie "El Cementerio de Ballenas", parte del proyecto de "Cartografías" del ciclo De Juego del Leviatán 

(©Fernando Martín Velazco)

Más allá del cálculo preciso que esto supone, me gustaría detenerme aquí en la huella auditiva de estos organismos como una de las causas del entorno acústico singularmente bullicioso de los santuarios de ballenas grises. El ruido es el rumor de los muertos, se dirá con razón, pero es también una entidad dinámica. La pieza de un entorno moldeable y frágil.

 

Y aquí vuelvo a lo que originalmente nos trajo aquí.

 

En la década posterior a su descubrimiento, 5785 ballenas grises fueron asesinadas dentro de la Laguna Ojo de Liebre [2].  En condiciones habituales, el número de ballenas muertas durante una década en el mismo sitio no supera una cententa [3].  La caza comercial  de ballenas apenas aprovechaba su aceite y algunos  tejidos, pero la mayor parte de los restos eran arrojados al agua. En la década posterior a su descubrimiento, la laguna recibió en su fondo marino cincuenta veces el número de cuerpos en descomposición de su carga habitual;  un aumento exponencial en la disponibilidad de alimento y estructuras habitables para ciertas comunidades biológicas. A la larga, una perturbación excesiva en su entorno acústico que duraría varias décadas.

 

Imagino la huella de esos años como un estruendo submarino continuo e insoportable.

Notas:

 

1. Joe Roman, et. al., “Whales as marine ecosystem engineers”, in Frontiers in Ecology and the Environment, Vol. 12, Issue 7 (2014) pp. 377-385

2. David A. Henderson, Men & Whales at the Scammon’s Lagoon (Los Angeles: Dawson’s Book Shop, 1972) pp. 255-276

3. Gustavo Cárdenas, “Análisis histórico de la mortalidad de ballena gris en la costa occidental de la península de Baja California”, BSc diss., (La Paz: 2004)

Este texto forma parte de los apéndices del artículo publicado en:

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